20081228

LO PUNK, LO PETARDO

En los principios del verano pasado, aprovechando la euforia que producen los festivales, puso nosecual discográfica un estand con discos a 3 euros. Yo no compro porque no tengo con qué, pero estando así, la música al precio de la cerveza, me lancé a hacer la excepción. Si se va a comprar por capricho, el criterio debe ser igualmente caprichoso, digo yo. Y por qué no comprar según la portada.

Hay días en que el punk es necesario. Lo crispante, las ganas de apalear marcianos mentales, dar saltos en la cama, basura droga basura: días para oir Best Fwends.

Alphabetically Arranged, el disco de la portada inquietante de arriba, es una ristra de 34 canciones de entre 1 y 2 minutos, resultado de mezclar videojuegos chillout con los Ramones. 34 temas que fueron "recorded in various bedrooms" entre 2002 y 2006, según dice el otro lado de la carátula, siguiendo esa moda nueva de grabar cada uno lo suyo en su casa, y que hace de la música un mundo de democracia anárquica imparable. Los componentes del grupo son dos post-adolescentes de Austin, (Texas) de directos deplorables y costumbres insanas. Y lo que hacen es, inevitablemente, deplorable, insano, cansino. Maravilloso.




01 Aaww-Some.wma -

Y enlaces cuanto menos curiosos:

www.myspace.com/bestfwends (el maiespeis, para estar al día)
http://www.bestfwends.com/ (???????)
http://www.youtube.com/watch?v=hbmkDl3Sa0Y&feature=related (un anuncio de bacardi)

20081207

Los hijos de Sánchez

Siguiendo una línea de sentimentalismo musical, es decir pasando de escribir historias que no tienen nada que ver (palabras, música, ya se sabe el abismo), hoy estoy todo el rato en un coche de hace diez años, de Granada a Málaga, escuchando Children of Sánchez, dentro de una cinta en la que durante una hora cambiaban los instrumentos pero no la música.
En fin.
Es la mejor manera que se me ocurre para recordar cosas sin ponerme triste. Para que me entre un poco la risa de lo cutre la infancia, y no lo crudo.
Así que punto.
Chuck Mangione, Children of Sánchez:

20081124

Nueva era en el SÍ BAR

Tras descubrir por fin como (carajo) se pone música en blogger (y no era tan difícil), procedo a inaugurar una nueva era en este bloj, y como artista invitada, así, por casualidad, la grande-grande Cristina, de Cristina y los Stop, de allá por los sesenta españoles, que los dioses los tengan en su gloria (a los 60) (y a los Stop también, por qué no).

El tema que cuelgo, una alegría para cualquier noche de lunes, estaba en un recopilatorio de esos que uno se encuentra sin querer mientras pasea a la mula. Hay que dar las gracias al autor de la "6-espanish-compileishon", y a la propia Cristina Stop, que nos ofrece en su página casera, http://www.cristinastop.es/, una biografía imprescindible para cualquier amante de lo friqui.

Como datos interesantes, que Cristina es su nombre artístico, que el "lalalá" lo cantó ella antes que Massiel, que cuando se fueron los Stops se juntó con los Tops, y que si intentas copiar alguna frase de su página te sale una advertencia diciendo que no la copies, que si quieres algo se lo pides a Cristina por mail.

Y sin más, aquí dejo el caramelico. Y a bailar como posesos con el radiador a tope.
El turista 1999999.mp3 - Cristina y Los Stop

I DON'T LIKE IT LIKE THIS

Madremíadelamorhermoso cuanto tiempo hacía que no me aburría tanto en un concierto.

¿Puede un grupo de canciones bonitas hacerte bostezar en cadena hasta ocho veces? ¿Puede uno desconectar en mitad de un tema profundísimo hasta el punto de empezar a pensar en que no quedan huevos en la nevera, y entonces como voy a hacer tortilla el domingo? ¿Es de verdad posible que algo en el escenario enganche tan poco que acabes concentrado en mirarle el pelo de la barba al de al lado? Que no, que I don't like it like this, y lo digo así, a lo indi, cogiendo el título de una canción de los suecos estos de la Radio Dept, que menuda noche, majos.

La cosa fue el viernes 21 en la Joy Eslava, sala que cuenta con tres seguratas por cada persona del público, más otros cinco por cada cuarto de baño, más siete barrenderos por metro cuadrado que compiten por ver quien parte más espinillas, más un ejército de gorilas en la puerta que dicen matrixmatrix si les aprietas la oreja. En fin. Ese día el Wintercase debió empezar con Hola a Todo el Mundo, que es un grupo molón con ukeleles y violines, y del que esperábamos la alegría de la noche. Pero la Joy debe de ser la sala más puntual del universo, o bien a estos seis no les dejaron tocar ni cuatro temas, porque llegamos a las nueve menos diez (apertura de puertas a las ocho) y allí ya no había ni hola ni adiós, ni estaba todo el mundo, ni parecía que hubiera pasado nada. Entonces salió Maga, con las canciones de siempre, y mi consecuente ola de flashbacks adolescentes, y la emoción incontenible del público que había estado empollándose hasta la última coma de toda esa paranoia que cantan. Bueno, estuvo bien, repetitivo y profundo, para qué más. No llevaban el aparatito de las bases, pero en aquel momento no quisimos interpretar esa señal como presagio del vacío total que vendría después.

Y sí, resultó que eran tres, y que eran suecos-suecos. Sobre todo el teclista. De batería ni rastro, se habría ahogado en un fiordo. En su lugar sonaba un sampler que hacía chin-chin-pón. Lo del chin-chin-pón es algo que queda muy bien en algunas grabaciones, pero que en directo es como un cesped artificial. Y a partir de ahí, poco más. El cabeceo arrítmico del cantante, un tirirín por aquí y otro por allá, un sonido de esos que mientras pasa de una oreja a otra parece que está muy bien, pero que luego se esfuma. La llanura infinita, vamos, ni un matiz, ni un meneo, ni un mal chiste. Pero lo mejor es que la gente estaba encantada, maravillada, deslumbrada. Y fue entonces cuando, sintiéndome así, entre hereje y aburrida, tuve la idea:

Visualicé un escenario anti-estatismo. Un escenario en el que un complicado suelo a base de sensores de temperatura y movimiento se tragaría a los músicos que no se movieran de su sitio durante más de treinta segundos. Tampoco es que quiera que todo el mundo se ponga a dar grandes saltos y a sudar como pollos a lo Hives; con un leve pasito a derecha e izquierda bastaría, un tap-tap con el zapato, un giro disimulado. Pero por lo menos algo, por favor, un poco de sangre caliente, por muy suecos que sean, una prueba de que nadie les estaba apuntando con una pistola. Me imaginé a mi escenario anti-estatismo abriendo las fauces y tragándose para siempre a esos seres impasibles e incapaces de dejarse llevar por su propio ritmo. Y así se me fue la noche, con estos y otros pensamentos igualmente idiotas.

Los de la Radio en realidad acabaron muy contentos. Dijeron que habíamos sido el mejor público ever-ever really you're really amazing, e incluso nos dejaron dos temas de propina. La gente gritó otra-otra, los de al lado dijeron qué buenos que son, los de atrás sonreían, todo era dream y era indie. ¿Entonces? ¿Por qué nosotros salimos así, con ganas de encerrarnos en casa y no salir más? Y si Freddie and The Trojan Horse es un buen disco, ¿por qué se me disiparon todas las notas de la cabeza nada más caer el telón? ¿Fue la sala? ¿Fueron los astros? ¿Fueron las croquetas de la cena?

¿Fue el trauma de mi niñez, entre Laura Pausini y Pennywise, atacándome de pronto en el dream-pop?



Johan Duncanson atándose un zapato y Martin Larsson siguiendo con gran interés la operación

(Para quitarse el mal sabor de boca con una reseña bonita de estos chavales, pinchar por ejemplo aquí)

20081110

My Brightest Diamond


Es Mi Diamante más Brillante, y no podré perdonarme nunca por haberlo perdido. No haber llegado a tiempo a la Sala Caracol, el pasado veinte de octubre, no verles ascender con todos sus violines y ritmos a contratiempo, fue la cosa más triste que me ha pasado nunca un lunes. Pero queda darle al play, y eso es mucho.

Hay música para escuchar con auriculares, uno en cada oreja, música que provoca el rarísimo gesto de cerrar los ojos en el metro. La voz empieza entrando por la izquierda con el timbre de cualquier otro instrumento, tres violines pasan por detrás de la cabeza, y hay un bajo tan preciso como un termómetro en el centro del cerebro, entre los ojos, diciéndote a golpes que son canciones, y que se acaban. Pero mientras duran estás en otra parte. En un mundo pequeño de perfecciones, sin más. Acorralado y feliz, y a la vez temiéndote algo, porque las canciones de My Brithtest Diamond suenan inevitablemente al espectro de una advertencia.

En Shara Worden, o la precisión de una voz que estudió ópera, o una mente que produce melodías señoriales automáticamente, está lo siniestro ("To Pluto's Moon"), lo tristísimo ("We Were Sparkling"), o cosas que dan bastante miedo, como "Black and Costaud", o "Freak Out". Pero también hay respiros, agujeritos de luz, que aunque no dejan de tener su profundidad abismal vertiginosa, te salvan, como la increíble "Disappear".

One day I may disappear / Don't be too suprised / 'Cause I get tired of / Noisy alarms& phone bills/ I don't think we're meant to stay here very long / I don't dream of bringing heaven down / not like this / I'd rather move on / One day I may go for the longest walk / Don't be too shocked / 'Cause I get tired of / Sneaky societies & combat boots.

Y hasta aquí las palabras. Ahora la música: abrir esto, descender al fondo a la derecha, y en recent mp3, clik en el play; apagar la luz un poco, proponerse una hora de no hacer nada más, desconectar el teléfono, y poco más. Dejarse invadir.

20080805

PAREDES DE COURA 2008

Para Miriam y María, con la enternidad a las espaldas.
Pon a sonar todo esto a la vez, cierra un ojo, con el otro mira fotos de árboles, tierra mojada, café, sillones naranjas, cachorros, ducha fría. Luego, todo es convertirse en un hueco infinito de éxtasis, en una boca que late, un cielito azul de noche por la mañana, un río, una cuesta, una cerveza uno y medio, dos, tres, cuatro días que debían ser trescientos sesenta y cinco:

YOU DON'T NEED THIS DESEASE!
Editors, "Bullets" (The black room, 2005)

EL HUECO INFINITO
Mars Volta, "Wax Simulacra" (The Bedlam in Goliath, 2007)

MIRI, THANK YOU FOR THE ROSES
dEUS, "Suds & Soda" (Suds & Soda, 1994)
BUSCANDO A MARÍA, ENCONTRANDO EL COLMO
Wraygunn, "Ain't gonna break my soul" (Soul Jam, 2001)

TÍA TÍA TÍA!
Au Revoir Simone, "Dark Halls" (The bird of music, 2007)

20080725

JUBILARSE CON JÚBILO

(Artículo dedicado, no sin dolor, a los Sex Pistols, Rolling Stones, Blondie, B-52, Police, Smashing Pumpkins, The Verve, y otros etcéteras)

Yo tengo grandes planes para la música. Grandes planes de jubilación. Pensiones para todos los que se retiren a tiempo. Leyes que prohibirán (terminantemente) que grupos de éxito mundial puedan volver a juntarse años después de haberse disuelto. El delito fundamental de estos arrejuntes sospechosos, está claro, radica en el intento de resucitarse, algo así como querer profanar la propia tumba de uno, con el único objetivo de sacar pasta. Por ello, en mi Plan Ideal de Jubilación A Tiempo (llamémosle así), los oyentes y públicos asumiremos el riesgo de perdernos a una buena banda en vivo (véase el directo de The Verve de hace una semana, que, oye, no estuvo mal), por el bien mayor de no tener que soportar actuaciones bochornosas y desmitificadoras, (véase aquí a la artrósica abuelita-Deborah Harry intentando que se moviera Blondie, o al ex-punki Johnny Rotten disfrazado de gallina y repitiéndole al público sin parar "we are the sex pistols", como para convencerse).

La ley que yo propongo se insertará en las constituciones de todos los países y su desobediencia estará penada con:

a) la muerte mortal para grupos de punk, que se habrían odiado en su momento de saber que llegaría el día en que, ya viejos y pasados, dejarían los cálidos antros de mierda para tocar en grandes festivales de modernillos idólatras.1

b) cadena perpetua o destierro a una isla desierta de todo instrumento, para grupos de rock de cualquier clase, de esos que crearon los temazos inmortales que todos sabemos tararear, y que quizás, ahora que lo pienso, siempre soñaron con vivir de las rentas.

c) por último y para grupos menores pero con ínfulas, torturas prolongadas, como por ejemplo escuchar la Kiss fm ininterrumpidamente durante diez años con los oidos abiertos a la fuerza, a lo Naranja mecánica.2

________

1. Lo de que los propios Sex Pistols admitieran en su día y aún defiendan este hecho de volver a juntarse para ganar dinero sólo demostraría que hay en su espíritu punk un tufillo insoportablemente opuesto a esos cánticos a la anarquía y anti-monarquía que se gastaban...

2. Esta cláusula podría ser aplicable a bandas aún no disueltas pero a las que ya les iría tocando la jubilación, y aquí tengo que nombrar forzosamente a mis ex-amados Planetas y su neo-flamenco insoportable.

20080715

INDIE-VERBENA PARA TODOS: MORILLE NOS DEVUELVE LA ESPERANZA

¿Puede el género de la música verbenera reinventarse a sí mismo? ¿Puede una orquesta popular hacer que una caterva de jóvenes sedientos de rock y desenfreno acaben en primera fila agitando los puños como si en el escenario fueran los Rolling los que estuvieran haciendo sonar el acordeón? ¿Hay todavía lugar en el mundo de lo moderno y lo cool para Paquito el chocolatero?

La respuesta, musicólogos del mundo, es sí sí sí. La respuesta es la Trouppe de la Mercè. Y con tan espectacular descubrimiento arranca este blog, porque el mundo debe conocer: la indie-verbena existe: nosotros estuvimos allí.

La cosa sucedió el pasado sábado 12 de julio, en la singular localidad de Morille, Salamanca, en el contexto del aún más singular “Pán” festival de poesía y artes en el medio rural (véase también “Amanece que no es poco”, o los capítulos surrealistas del Gañán en la Hora Chanante; pero en fin, es una larga historia).

A eso de las once se subían al escenario seis tipos trajeados y una tipa a lo folclórico (ya apuntaban maneras sus mallas con volantes y chapita roja brillante en la pechera), guitarra, batería, bajo, flauta, timbales, acordeón y voces. A las once y cinco la gente del pueblo estaba sentada ordenadamente en sus sillas y sonaban los primeros acordes del primer chotis. A las once y diez ya la mitad de los asistentes se habían buscado pareja y bailaban como si no hubieran hecho otra cosa en toda su vida.

Era el principio de una larga noche de verbeneo y fiesta, una escena típica, puede pensarse, de esas que se repiten en las noches de verano a lo largo y ancho de nuestra geografía llena de pueblos. ¿O no tan típica?

Pronto empezamos a sospechar, los amantes de lo folclórico y lo popular entre los que me incluyo, que aquello era distinto. Había un punto de originalidad inconcebible, un no sé qué, tres niños bailando a lo yeyé en una esquina, veinte jóvenes girando a lo punk, otras tantas gentes maduras y emparejadas agarrándose las carnes, dos viejos muy viejos sentados con su callao y su boina y la mirada puesta en el infinito, en fin, un público que más ecléctico no podía ser, allí conviviendo y conbailando como si tal cosa. Y la canciones nos sonaban, es cierto, pero no eran las de siempre. ”La bamba”, interpretada con un ligero toque flamenco, se transformaba de pronto en el “que viva España”, y luego Manolo Escobar daba paso a la Edith Piaf (que en paz descanse y no levante la cabeza) de la “Vie en Rose” a ritmo de zarzuela, y uno se quería poner a bailar el pasodoble pero era una rumba, y rescataba la banda a Imperio Argentina y su “échale guindas al pavo”, pero la voz era de ranchera mejicana, y así una detrás de otra, y los músicos, que encima eran buenos de verdad, partiéndose con disimulo la caja al ver que aún no sabíamos lo que quedaba por venir.

Porque la noche transcurría así, en el delgado filo que separa lo típico de lo friqui, cuando fue invitado a subir al escenario un hombre con cara de sabio curtido por la vida; él y su sartén de mango de metro y medio y sus dos cucharas de metal. Sí, señores, el “spoon man” del que cantaban los SoundGarden (como bien apuntó uno de los de Basurama). Y con el nuevo instrumento incorporado, otra canción y otro baile, y a partir de ahí la cosa fue un no parar de sucesos insólitos y revelaciones místicas.


¿Por qué en la última canción acabaron los músicos sin pantalones? Porque en realidad, y el público lo vio claro, esos tíos eran todos unos rockers, unos hardcore rockers camuflados de orquesta de verbena. Todo se explicaba, todo tenía sentido, todo era maravilloso, y se alzaron los puños, los porros, las boinas y las muletas, y se pidieron en colectivo los reglamentarios bises. Y con los bises vino la guinda final: “La vida es una tómbola”, versión “diga usted la palabra esdrújula que más le guste”.

La flamante vocalista consiguió que dejáramos de bailar por un momento para poder escuchar la letra que Marisol jamás pudo imaginar:

La vida es una vértebra (tom-tom-tómbola...) / la vida es una rúcula / la vida es una pústula / la vida es una báscula (de luz y de colooooor) / y todos en la mácula (tom-tom-tómbola) / y todos en la drácula / y todos en la rótula / hacemos el amooooooor”.

Y etcétera.

Y así, a las tres y pico de la mañana, concluía la noche en la que fue descubierto el género de la Indie-Verbena, y yo me juré no descansar hasta ver a La Trouppe de la Mercè de cabeza de cartel en el FIB, o el Summercase, o en los Monegros.
Quede esta crónica como testimonio.

Jóvenes del mundo, reivindicad la verbena; verbenas del mundo, contratad a la Trouppe de la Mercè.

(Fotografías de Jesús García Hernández:
fot. 1: Miguelón como Maja Desnuda; fot. 2: "spoon man"; fot. 3: La Troupe de la Mercè)